Argentina Fútbol Acéfalo

Argentina: Fútbol Acéfalo

Mientras los directores técnicos argentinos triunfan en seleccionados y clubes de todo el mundo, la propia selección Argentina no le encuentra la vuelta al asunto y en la AFA no tienen ni idea de quién va a dirigir tácticamente a Messi (cuando vuelva) y compañía.

Mientras los directores técnicos argentinos triunfan en seleccionados y clubes de todo el mundo, la propia selección Argentina no le encuentra la vuelta al asunto y en la AFA no tienen ni idea de quién va a dirigir tácticamente a Messi (cuando vuelva) y compañía ¿Los DT´s argentinos sólo saben ser toros en rodeo ajeno?

En la Copa América 2015, la mitad de los entrenadores fueron argentinos (seis de doce). En las semifinales, es decir cuando sólo quedaban cuatro equipos, los directores técnicos eran Jorge Sampaoli, Gerardo Martino, Ricardo Gareca y Ramón Díaz, todos nacidos en Argentina. En la misma instancia, pero en la edición Centenario 2016, los argentinos fueron tres de cuatro, sólo desentonó el alemán Jürgen Klinsmann al mando del seleccionado de Estados Unidos. Este año, la liga española contará con cuatro argentinos en el banquillo. El 20% de los entrenadores del torneo más poderoso del mundo. El resto serán, aunque parezca el comienzo de un chiste, un uruguayo, un francés y catorce españoles. Pero, argentinos: ¿por casa cómo andamos?

Diego Cholo Simeone es, junto a Pep Guardiola

Diego Cholo Simeone es, junto a Pep Guardiola, el técnico más prestigioso del mundo.

Los entrenadores argentinos viven su momento de máximo esplendor justo cuando la selección de su país necesita como el agua la asunción de uno de ellos y el comienzo de un proyecto serio a largo plazo. Los dos más exitosos suenan a imposible: Jorge Sampaoli acaba de firmar con el Sevilla español y para Diego Simeone (con contrato en Atlético de Madrid hasta 2020) este “no es el momento”. En la AFA, que en la actualidad se parece mucho a una casa de locos, hace días que circula una rosario especulativo de apellidos, posibles reemplazantes de Martino, que viaja sin escalas del surrealismo a la desesperación. Que si un nuevo ciclo de Marcelo Bielsa; que si Juan Sebastián Verón viajó a España para hablar con Sampaoli; que si Matías Almeyda se autopostula desde México; que el Patón Bauza; que Marcelo Gallardo. Los nombres se dicen sin mucho énfasis y antes de acabar de ser pronunciados se descartan por inviables. La crisis es tal que uno de los apellidos que sonó es compuesto y muy simbólico: Caruso Lombardi. Claro, en el país en donde las cosas no se arreglan sino que se atan con alambre, el nombre del salvador de equipos en peligro de descenso no podía faltar.

Jorge Sampaoli Campeón de América con Chile en 2015

Tiene sentido. Que Gonzalo Higuaín, uno de los más vilipendiados de esta selección (con cierta justificación, pues tiene la mejor marca goleadora de la historia del Calcio y falló una situación clarísima en cada una de las tres finales perdidas por Argentina), se transforme en el jugador argentino más caro del fútbol mundial; que a Lionel Messi se le reclame que no hace en su país lo que en el Barça logra con tan aparente facilidad; que Sergio Agüero sea rey en Manchester y pise suelo argentino con tan poca gloria ¿Qué nos querrá decir ese patrón de comportamiento? ¿Argentina debe resignarse a ser un gran exportador que no puede atender el consumo interno? ¿Los argentinos deberían empezar a celebrar los logros de sus compatriotas aunque más no sea en proyectos extranjeros?

Marcelo Bielsa firmó para el Mundial de 2002 la mejor Eliminatoria y una de las peores performances de la historia durante la competición.

La AFA, sigla que alguna vez significó Asociación del Fútbol Argentino y que ahora sólo logra remitir al término AcéFalA, debería ser refundada. Habría que, y nunca mejor dicho, parar la pelota y empezar de nuevo. Entender que la base de todo son los pibes, y armar un plan serio de seleccionados juveniles. Proteger el torneo vernáculo, que es “saqueado“ por los clubes europeos al final de cada temporada. Comprender que llegar a tres finales en dos años es un logro, uno casi milagroso si se tiene en cuenta el caos reinante en la máxima entidad de fútbol del país. Y una vez hechos todos los deberes, tirar todos para el mismo lado y aprovechar el capital prodigioso del que se dispone.

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